POV ANDREW
Había pasado una semana desde que la burbuja en la que Kary vivía se rompió en aquel pasillo de hospital. Una semana desde que vi a Karina volver de estar con su padre y entender, por fin, que la sangre no siempre es lealtad. Pensé que aquello la traería de vuelta a mí, que buscaría refugio en el único hombre que le había dicho la verdad, por muy amarga que fuera.
Pero me equivoqué.
Karina se había convertido en un fantasma que habitaba mi hogar. Cumplía con el contrato con una precisión quirúrgica que me estaba volviendo loco. Desayunaba conmigo en silencio, hablaba solo cuando la etiqueta lo requería y, cuando asistíamos a algún compromiso social, su actuación como la esposa perfecta era tan impecable que me daba escalofríos. Sonreía a los fotógrafos, apoyaba su mano en mi hombro con la ligereza de una pluma y decía las palabras exactas para mantener a los buitres a raya.
Pero en cuanto las puertas de la casa se cerraban, la máscara caía y no quedaba nada. Ni rastro d