POV Karina
Dos días. Cuarenta y ocho horas envuelta en el olor a antiséptico, café quemado y el pitido incesante de las máquinas. Andrew no había vuelto a poner un pie en el hospital St. Jude, y honestamente, no sabía si agradecerlo o maldecirlo. Sin embargo, su presencia era una sombra constante: dos hombres de traje oscuro, con la mirada vacía y los hombros anchos, hacían guardia en la puerta de la habitación. No me cuidaban a mí; custodiaban la inversión de Andrew Thorne.
Cuando los párpados de Oscar Wilson finalmente temblaron y se abrieron, sentí un vuelco en el corazón. Por un segundo, la niña que fui, la que él no había logrado romper del todo, esperó un milagro. Una disculpa, un gesto de alivio, una palabra de amor que borrara el hecho de que me había vendido como mercancía.
—Papá... —susurré, acercándome a la cama.
Él parpadeó, enfocando la vista. Sus ojos, antes nublados por el trauma, se aclararon, pero no con gratitud. Se llenaron de una amargura vieja y podrida. Se qu