El peso de la verdad
El aire del hospital estaba cargado con el olor a desinfectante y desesperación. Ariadna se encontraba en la sala de espera, su mente era un torbellino de emociones. La confesión de su madre había roto el mundo en el que creía vivir. No había una traición que perdonar, sino un sacrificio que lamentar. La culpa, que antes le había parecido tan lejana, ahora le pesaba en el pecho. Su tía Isabella, la hermana menor de su madre, se sentó a su lado, colocando una mano suave sobr