El fin de semana le supo muy corto a Jonathan.
El lunes a primera hora estaba Addison en la puerta. Puntual, perfecta, con esa expresión calibrada de madre abnegada que Jonathan ya sabía leer pero que seguía siendo efectiva porque estaba diseñada para serlo. No desaprovechó ni un segundo. Usó a Leo desde el momento en que cruzó el umbral, el niño como escudo y como argumento al mismo tiempo, sin que Leo lo supiera, sin que Leo pudiera saberlo todavía.
—Dile adiós a tu papá —le dijo Addison a Le