El vuelo fue corto.
Jonathan durmió la mitad. Elizabeth no durmió nada. Miraba por la ventana con esa quietud suya mientras Owensboro se acercaba abajo, verde y tranquila, completamente ajena a todo lo que traían encima.
Jonathan abrió los ojos cuando el avión empezó a descender.
La miró un momento sin decir nada.
Elizabeth siguió mirando por la ventana.
—¿En qué piensas? —preguntó él.
—En nada importante.
—Elizabeth.
Ella giró la cabeza.
—En todo —dijo al fin—. En nada específico. En todo junt