CAPITULO 48

La luz entraba por las persianas en líneas delgadas.

Elizabeth abrió los ojos primero.

No de golpe. Despacio, como cuando el cuerpo sabe antes que la mente que algo cambió y necesita un momento antes de enfrentarlo.

Lo primero que sintió fue el peso.

El brazo de Jonathan sobre su cintura. Su respiración tranquila contra su nuca. El calor de alguien que lleva horas ahí, que no se movió, que no se fue.

Cerró los ojos de nuevo.

No sirvió de nada.

La noche anterior llegó completa y sin orden. No e
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