Elizabeth subió al cuarto y abrió la maleta con una calma que no era del todo real.
Sacó algo sencillo, no demasiado formal pero tampoco descuidado, la ropa de alguien que sabe leer una situación y vestirse para ella sin pensarlo demasiado. Se cambió despacio frente al espejo pequeño del cuarto, mirándose sin mirarse, con esa manera suya de estar en su cabeza y en el cuarto al mismo tiempo.
Pensó en Salma.
En esa pregunta suya directa y sin rodeos de antes de la cena. ¿Eres feliz? Con esa maner