Elizabeth colocó sus manos sobre los hombros de Jonathan, sintiendo cómo la tensión acumulada de las últimas horas comenzaba a abandonar su cuerpo en forma de un suspiro largo y pesado. El silencio de la habitación de Leo era sagrado, una burbuja de paz que habían logrado reconstruir tras el paso del huracán que fue Addison.
—Se fue, Elizabeth —susurró Jonathan, con la voz apagada por el cansancio—. Esta vez, se fue de verdad. Pero el daño que le hizo a Leo... eso no se borra con una orden de re