Jonathan sintió cómo el mundo se volvía un lugar estrecho y asfixiante. El reloj marcaba las 5:00 de la mañana y la luz grisácea del amanecer en la Ciudad de México apenas empezaba a filtrarse por los grandes ventanales. Sus abogados estaban por llegar, pero el golpe que Victoria traía en la tableta era más rápido que cualquier proceso legal.
—Mira esto —susurró Victoria, con ojeras que delataban que no había pegado el ojo—. No es solo Addison. Ella abrió la caja de Pandora y ahora han salido t