El Maybach negro se deslizaba por las calles de la ciudad como una sombra silenciosa. En el interior, el lujo era asfixiante por su perfección.
El aroma a cuero fresco y a ese perfume amaderado de Alaric llenaba el espacio, creando una burbuja que aislaba a Farah del desastre que acababa de protagonizar en la acera.
Farah se hundió en el asiento del copiloto, sintiendo cómo el calor de la calefacción empezaba a combatir el temblor de sus manos, aunque el frío que sentía en el pecho era más dif