El silencio que siguió al tono de espera fue una tortura. Farah se hundió en el colchón, sintiendo que las paredes de la mansión Grimaldi se estrechaban a su alrededor. La imagen de Alaric protegiendo esa caja como si fuera un pedazo de su propia alma seguía proyectándose en su mente, quemando cualquier rastro de la tranquilidad que creía haber ganado.
—¿Farah? —la voz de Alina finalmente rompió el vacío. Sonaba un poco somnolienta, pero se espabiló de golpe al notar la respiración agitada de s