CAPÍTULO DIEZ (Marion); Leí el expediente de mi padre.
La llamada duró cuatro minutos.
No porque el director fuera difícil —el hombre no lo era, nadie se mostraba difícil cuando entendía con quién estaba hablando—, sino porque le dejé hablar durante tres de esos cuatro minutos, le dejé explicar la situación con su lenguaje cuidadoso y ensayado sobre las normas comunitarias, las evaluaciones del entorno familiar y el bienestar de todos los alumnos.
Lo escuché todo con la paciencia de un hombre que ya había decidido el resultado antes de marcar el nú