Las mañanas siempre eran bellas en la Villa Medici, no importaba que estación del año, ni si estaba soleado o no, el solo hecho de estar en ese lugar era hermoso. Los árboles siempre se veía magestuosos, incluso sin hojas durante el otoño.
Hacía mucho tiempo que Rebecka se había acostumbrado a recibir una cantidad demasiado grabfe de cartas al día y ese día no fue diferente. El cartero, nuevo oficio que se estaba poniendo de moda en esos años, llegó temprano, como siempre, y esta vez tenía un