Pensaba que Francisco ya se habría ido, con su mujer, a su casa tranquila de la villa, lejos de los juegos de azar, el opio, el laudano y las damas de compañía de ciudad.
- Buenas tardes señor. Veo la ha regresado- otra vez Lucia se colgó del brazo de Francisco.
- Él es mi invitado, Lucia- La voz de Constanza regresó de la cocina, justo a tiempo. Francisco miró como los ojos negros de la chica se abrieron ante el terror.
- Lo siento Madame - liberó el brazo de Francisco antes de bajar la cab