Marco se mudó a una casa pequeña cerca del convento, muy apartado de todo pero el convento le daba todos los alimento que necesitaba y algunas ropas las conseguía en los pueblos vecinos. La madre superiora tenía la gota y necesitaba una revisión diaria. Celestina había finjido tener dolores de cabeza desde que resivió la noticia y era su primera revisiòn.
Habìan pasado años desde la primera vez que Celestina habìa visto sus ojos negros, desde la primera carta. La espera entre la escuela de medicina y la respuesta de ser aceptado como mèdico habìa sido eterna. Aùn asì ninguno de los dos se habìa rendido.
- No puedo expresar mi felicidad al verla finalmente, tan cerca de mí desde aquel día en el carruaje..... no puedo dejar de pensar en sus labios. - Marco la tomó por sus manos delicadas y blancas.
El silencio de la habitaciòn hacìa que el ruido de la respiraciòn que se iba acelerando se escuchara màs fuerte. Le quitó el velo suavemente, por primera vez vio sus cabellos rojizos y