Ella sabia que ya se estaba haciendo tarde, el sol se estaba escondiendo despidiendose con sus rayos anaranjados, era el deber de una buena esposa hacer feliz a su marido, era su deber ser la mejor moneda de cambio porque eso era lo unico que era, solo el mejor trato para apoderarse del comercio.
- Tal vez de ama, despuès de todo alistò una biblioteca solo para tì.- se decìa a si misma.
Se engaño que tal vez ella tambièn podrìa amarlo porque si èl la amaba eso era lo ùnico que la mantendrì