- No hablaré con él, es inútil de todas formas- dijo Constanza.
No quería que Francisco la mirara, ni le dirigiera la palabra, ni la conquistara con el amor que tenían en común por la filosofía. Constanza sentía como su corazón la alertaba del riesgo mortal de enamorarse de aquel joven, de ser envuelta por sus palabras, por su música al violín.
- Sabes que él no viene a cazar con nosotros verdad. Tu madre y la señora tomarán el tè cuando lleguemos y él te enseñarà la villa. - Ricardo sonri