Me quedé en silencio por unos segundos después de que ella terminó de hablar. La miraba, pero al mismo tiempo sentía que mi mente seguía lejos, tratando de asimilar cada pedazo de esa historia que me fue arrancada durante tantos años.
Yo lo entendía. En el fondo, lo entendía. Pero entender no significaba que no doliera. Mis brazos seguían cruzados, como si fueran mi último escudo entre yo y todo eso que se estaba desmoronando —o reconstruyendo— dentro de mí.
—¿Viviste… todo esto… sola? —pregunt