Claudia miró a Marko asustada por lo que pudiera hacer con ella, tuvo tanto miedo en ese instante, que las ganas de salir corriendo y esconderse eran tan fuertes que creía que él escuchaba sus pensamientos. Marko le sonrió y ella tragó con dificultad.
—Ponte de pie, donna pazza, tienes todo el cuerpo lleno de lodo —le dijo Marko haciéndole gestos con una mano para que se pusiera de pie.
Un sollozo escapó de Claudia, se había sentido libre por casi una hora, hasta que habían ido detrás de ella,