Claudia se dio la vuelta lentamente hasta quedar frente a un Orazio magullado por los golpes de Marko. Los músculos del cuerpo se le pusieron en tensión, él la miraba con el odio reflejado en el rostro, el estómago se le encogió de pensar que ahora estaba fuera de la protección del capo.
—Marko me dijo que nadie más que él podía tocarme —informó y trató de pasar a su alrededor.
—Pero Marko no está aquí, ¿o sí? —dijo Orazio y mostrando los dientes en una sonrisa macabra mientras se acercaba a el