Claudia observaba a Marko reír con Geovanni desde una esquina de la barra del bar. Había pasado un mes desde que sucumbió a él, y no había podido escapar, contrario a lo que pensó, el capo dejaba muy poco tiempo el club, y cuando lo hacía había tanta vigilancia que le había sido imposible hacerlo. Claudia se estaba desesperando, Marko no había dejado de llevarla a su cama desde aquel día. Para todos en el club, era la mujer del capo, solo Orazio la miraba mal por ello y la veía como una intrusa