Marko entró a la habitación donde estaba Claudia, esperaba encontrarla lista para pelear con él, exigiéndole que olvidara el castigo, sin embargo, Claudia estaba sentada en la cama con los pies recogidos de tal forma que abrazaba las rodillas con sus brazos y la cabeza la tenía apoyada con el rostro oculto sobre ellas. La mujer asustada que veía ahora no tenía nada que ver con la mujer que conoció el día que Paolo Mancuso atacó el Club. Marko dejó la caja que traía en las manos sobre una mesita