CAPÍTULO 134: LA BOCA CERRADA
Vanessa
Me bajo del auto negro con cristales polarizados como si estuviera entrando a una gala, no a una prisión. Llevo gafas oscuras y un abrigo entallado que me da un aire de poder, uno que necesito sostener hasta con las uñas. El edificio me recibe con su olor a hierro oxidado y desesperanza, pero yo no me inmuto. Estoy acostumbrada a caminar entre ruinas y aun así lucir como si fuera dueña del lugar, porque eso soy, la que manda, la que decide quién vive… y qui