56. Sin escapatoria
En el castillo las cosas no estaban mucho mejor. William avanzó hacia sus padres con el corazón latiendo a un ritmo feroz. Sabía que, en cuanto abriera la boca, todo se saldría de control… pero ya no podía seguir callando.
—No puedo hacer esto —susurró lo bastante bajo para que solo sus padres lo escucharan.
La princesa permanecía junto al consejero real de Valoria, quien lanzaba miradas incandescentes hacia los reyes y hacia William, como si con ellas quisiera sentenciarlo.
—¿De qué hablas? —e