60. Penumbra y luz (final)
El tiempo se había detenido dentro de aquellas paredes.
Los días transcurrían pesados, marcados por el silencio del castillo y los pasos de las sirvientas que iban y venían con tazones de agua caliente, paños limpios y ungüentos de hierbas.
Regina aún no abría los ojos por completo, aunque había momentos en los que murmuraba palabras incomprensibles, como si desde el umbral de la inconsciencia luchara por regresar. William permanecía a su lado sin descanso. Apenas comía, apenas dormía; el único