Capítulo 6
Hernán asintió y se inclinó con ternura para mirarla.

—Ve primero al carro y espérame. Voy a despedirme de ellos y nos vamos.

—Va.

Camila respondió y luego se dio la vuelta para salir.

No había caminado mucho cuando su celular comenzó a sonar.

Al ver aquel número desconocido, Camila ya imaginaba de qué se trataba, pero aun así contestó.

Apenas se conectó la llamada, el ruido del privado llegó a sus oídos.

Enseguida escuchó las voces de Matías y los demás.

—Hernán, sí se te pasó la mano. Hugo no debió soltar todo eso justo ahora y arruinarte el plan, pero abrirle la cabeza por una mujer como esa, ¿no fue demasiado?

—Sí, Hernán. Con lo que hiciste hoy, cualquiera pensaría que en estos tres años sí te enamoraste de Camila. Hasta nosotros ya no nos atrevimos a decir mucho.

—Aunque la verdad Camila está preciosa. Tiene un cuerpazo, y esa cara... de verdad es una belleza. Si Hernán se hubiera enganchado de verdad, tampoco sería tan raro. Después de todo, tener tres años al lado a una mujer así, tan suave, tan dócil y tan fácil de manejar... supongo que a cualquier hombre le movería algo.

Al escuchar que las palabras al otro lado de la línea se volvían cada vez más vulgares, Camila apretó el celular con fuerza.

Incluso su respiración se detuvo por un instante.

Escuchó con atención, queriendo saber qué respondería Hernán.

Muy pronto, aquella voz familiar, clara y fría, llegó para romper el último rastro de ilusión que aún quedaba en su corazón.

—¿Cómo creen? Podría enamorarme de cualquiera, menos de la hija de Jesús. Pero ustedes pórtense bien. Si antes de la fiesta de compromiso ella nota algo raro y me arruinan el plan, no me culpen si no me tiembla la mano con ustedes. No quiero que se repita algo como lo de Hugo.

Apenas Hernán dijo eso, los demás respondieron de inmediato:

—Ya entendimos, tú tranquilo. Solo faltan unos cuantos días. Podemos esperar.

—Todos sabemos que llevas mucho tiempo armando esto solo para ver la cara que va a poner Jesús ese día. No te preocupes, no vamos a arruinarte nada.

—Pero esa sesión de fotos ya casi está lista, ¿no? Cuando la tengas, ¿nos las puedes enseñar primero a nosotros?

Al escuchar esa frase, Camila contuvo la respiración de golpe. La tensión le llenó todo el cuerpo.

Pero justo en ese momento, la llamada se cortó.

Al pensar en el tema del que estaban hablando, al pensar que Hernán de verdad podría aceptar enseñarles esas fotos...

Al pensar que él tal vez se adelantaría para recogerlas...

Mientras más lo pensaba, más se le revolvía el estómago.

No pudo evitar salir y apoyarse en la pared para tener arcadas.

La tensión y el asco la golpearon al mismo tiempo, y la incomodidad en el estómago se volvió cada vez más intensa.

Mientras tanto, dentro del privado, Hernán escuchó aquellos comentarios y dijo con frialdad:

—Después de todo, ahora sigue siendo mi novia. Guárdense esas ideas.

—Sí, claro. Aunque alguien quisiera meterse con ella, primero tendría que fijarse quién es el dueño. Fue error nuestro, Hernán. Tú tranquilo. Vamos a esperar a que te aburras de ella para tomar el relevo.

Al escuchar que aquel hombre decía eso, Hernán no supo por qué, pero una vaga incomodidad le nació en el pecho.

Tres años atrás, cuando volvió y se acercó de nuevo a Camila, había cerrado muy bien su corazón.

Pero después de tres años de cuidarla, de preocuparse por ella y de perder el control noche tras noche, quizá ni él mismo podía distinguir cuánto había sido amor verdadero y cuánto fingimiento.

Solo que había palabras que ya había dicho.

Aquellas frases crueles que soltó en su momento, impulsado por todo el odio que llevaba dentro, ahora no podía retirarlas tan fácilmente.

Así que, en ese momento, solo pudo fingir que nada pasaba, darse la vuelta y salir.

Apenas Hernán salió del privado, Matías y los demás miraron a Jimena entre risas.

—¿Y tú no tienes nada de prisa? Nosotros ya estamos esperando verte como la esposa de Hernán.

—Con todo lo que tú y Hernán vivieron juntos en el extranjero, seguramente la única con la que él de verdad quiere compartir su vida eres tú.

Jimena escuchó aquellos halagos con una sonrisa en los labios.

—No tengo prisa. Lo de Hernán con esa mujer es solo una actuación. Los cinco años en el extranjero fueron muy difíciles, y aun así los superamos juntos. Ahora que él quiere vengarse, ¿cómo podría yo detenerlo?

En cuanto Jimena dijo eso, dentro del privado volvieron a escucharse varias voces aduladoras.

—Tú sí eres diferente. Mira que eres comprensiva. La verdad, le tenemos envidia a Hernán por tener a una mujer tan sensata como tú.

Jimena escuchó sus palabras con una sonrisa tenue.

Se sentó con elegancia, tomó una copa y empezó a beber con ellos.

Pero en el instante en que bajó la mirada, una intensa frialdad cruzó por sus ojos.

Con ese breve enfrentamiento de hace un momento, pudo darse cuenta de que Hernán no era completamente indiferente hacia Camila.

Tal vez en las palabras de Hernán había parte de actuación, pero no todo era fingido.

Ella había visto con total claridad esa preocupación.

Y Camila tampoco era tan fácil de manejar como ella había pensado.

Hace un momento, aunque Jimena había sido quien provocó primero, Camila logró contenerse y no dijo nada.

Era evidente que tampoco era una mujer sencilla.

Pero esta vez, ya que Jimena había vuelto, impulsaría a Hernán a seguir adelante pasara lo que pasara.

Mientras él llevara a cabo su plan de venganza, entre él y Camila ya no habría ninguna posibilidad.

No solo eso. Con solo imaginar a Camila siendo ridiculizada, señalada y pisoteada hasta hundirse en el lodo, Jimena sentía una satisfacción imposible de describir.

Solo de imaginar aquellas fotos tan atrevidas de Camila proyectadas en una pantalla frente a sus padres, familiares y amigos, mientras un grupo de personas las miraba y la señalaba sin pudor, Jimena sentía un placer indescriptible.

Con ese pensamiento, sonrió, levantó la copa y bebió un buen trago.

Mientras tanto, fuera del privado, Hernán caminaba a toda prisa hacia el estacionamiento.

Apenas salió, vio a Camila en un rincón, apoyada en la pared, con arcadas sin parar.

El corazón le dio un vuelco inexplicable.

Al recordar que en varias ocasiones había dejado de usar condón a propósito, el pulso se le descontroló.

En aquel entonces, Matías había bromeado con que debía encontrar la manera de embarazar a Camila.

Así, llegado el momento, Jesús sufriría todavía más.

Al principio, todos lo dijeron como una broma, pero Hernán se lo tomó en serio.

En ese instante, ni siquiera él mismo sabía si quería humillar más a Camila o si en realidad quería tener un hijo con ella para retenerla a su lado.

Después de convivir con ella durante esos tres años, muchas veces ni él mismo lograba entender sus emociones.

Pero en ese momento, con solo pensar que Camila tal vez sí estaba embarazada, su corazón empezó a latir fuera de ritmo sin poder controlarlo.

No pudo evitar acelerar el paso.

Llegó rápido junto a Camila, extendió la mano para sostenerla y preguntó con voz suave:

—¿Qué tienes? ¿Por qué estás vomitando así? ¿No estarás embarazada?

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