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—¡Señor Mendoza! —Carmen soltó un pequeño grito y luego empujó el cuerpo de Bastian—.

—¡Te traeré medicina! —dijo con firmeza, y luego le pidió a Bastian que se recostara.

La situación se volvió muy incómoda, pero Carmen trató de aguantar. Bastian, como un tonto, interrumpió el beso y dijo:

—Lo siento —susurró.

«Solo tráeme un poco de agua y esa medicina, y luego puedes irte».

Carmen no respondió, pero hizo lo que Bastian le ordenó.

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