—Señorita, ¿está borracha? —preguntó Bastian con mirada intimidante.
Roseline soltó una carcajada tan fuerte que atrajo la atención de los demás pasajeros de la sala VIP.
—No, hombre —balbuceó—. Solo estoy un poco achispada. —Se rió y dio otro sorbo al vaso grande que tenía en la mano.
Bastian frunció el ceño, sin estar convencido. Antes de que pudiera hablar, Roseline se acercó.
—¿Sabe por qué me acerqué a usted? —No esperó una respuesta—. ¡Porque quería decirle la verdad!
—La verdad sobre su