Gregori
Las puertas del ascensor se abren, los empleados de mi piso, me reciben con sus “buenos días señor”. Les regreso el saludo de la misma forma.
Mi secretaria, corre a mi lado con su agenda electrónica en mano lista como siempre para recibir instrucciones.
—Viviana—me dirijo a mi secretaria—si a Tamara, se le ocurre irrumpir aquí, llama a seguridad
—De acuerdo, señor.
—¿Alguna reunión importante hoy?
—Con el Señor Talavera, un almuerzo.
—Está bien, vendrá Vanessa—se detiene en seco al escu