No sé qué expresión tengo en el rostro, de regreso, todos los que trabajan en ese piso, me miran pasar con asombro.
Al bajar en el ascensor hasta el estacionamiento, el chofer me espera para guiarme hacia el vehículo
En mi mente pasa el deseo de salir corriendo, mas, me detengo porque no tengo hacia donde ir. No conozco a nadie en esta enorme ciudad
Así que, cabizbaja, subo al coche, no pregunto donde me llevará, me dejo llevar por que al fin de cuentas y según lo que parece, ya no soy libre.
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