Berlín, Alemania
Emilia
El sonido del disparo todavía resuena en mis oídos mientras corro. No pienso en nada más. No pienso en Viktor, ni en lo que acaba de pasar. Solo en llegar a mi habitación, en refugiarme allí, en huir de una manera en la que mi cuerpo —y la circunstancia— aún me lo permite.
Mis pies apenas tocan el suelo mientras subo las escaleras con tropiezos que amenazan con hacerme caer de cara. Mi respiración es un desastre, entrecortada, errática. Siento que en cualquier momento mi