Berlín, Alemania.
Viktor
La irritación me carcome por dentro de una manera que nunca había experimentado. No puedo estar tranquilo. Ni siquiera el whisky más fuerte logra apaciguar el ardor en mis venas.
Camino de un lado a otro en mi despacho, con los puños cerrados y la mandíbula tensa. Todo me molesta. La luz del maldito candelabro, el sonido de los papeles que Konstantin revisa, la manera en la que el reloj en la pared sigue marcando los segundos como si todo estuviera en orden.
Nada está