Grace
Los miré. Me miraron. Eleanor desvió la mirada de mí hacia el auto estacionado a mis espaldas. El helado de fresa se le resbaló de la mano y salpicó el pavimento. Quiso decir quién sabe qué, pero un golpe repentino sacudió la ventanilla de Apollo.
Me volví, sobresaltada, y casi me atraganté con mi propio grito. Liana estaba junto a la puerta de Apollo y golpeaba la ventanilla como si tuviera todo el derecho del mundo. Dios mío, carajo.
—¿Qué está haciendo? —pregunté entre dientes, cada vez