Grace
—Mójalos —dijo.
El corazón se me detuvo. Una descarga me recorrió la columna, bajó directa hasta mi centro y se concentró en el lugar que ya me dolía por esa palabra. De verdad no perdía el tiempo. Sabía lo que quería y hablaba como un hombre acostumbrado a conseguirlo.
Me pasé la lengua por los labios resecos mientras el pulso se me aceleraba. Era absurdo, pero por alguna razón quería obedecerlo. Quería portarme bien.
Ese deseo me desconcertaba más que cualquier otra cosa, sobre todo porq