Grace
Hice una mueca y se me escapó un pequeño quejido cuando el antiséptico tocó el corte de mi frente. Ardió, pero más que el dolor, me sorprendió la delicadeza con que me trataba.
Apollo, el hombre que yo creía hecho de hielo y piedra, me curaba la herida con un cuidado que jamás pensé que fuera capaz de mostrar. Movía las manos con precisión, como si yo fuera de cristal.
Por un momento, no supe cómo reaccionar.
Me había convencido de que, si venía aquí esa noche, solo sería sexo. No habría t