Grace
No pensé en nada durante el trayecto. Después de salir de la casa de Charles, fui a la empresa como si estuviera poseída. No me detuve a pensarlo; me subí a un taxi y le di la dirección al taxista.
Cuando el guardia de seguridad me vio, se quedó inmóvil por un momento y abrió mucho los ojos al reconocerme. Era evidente que se acordaba de mí por lo de aquella noche. Esta vez no intentó echarme. Solo me dedicó una sonrisa cómplice.
—El señor Reed no está —dijo.
Me decepcioné un poco. El día