Grace
La ducha me supo a gloria. No me había dado cuenta de cuánto la necesitaba hasta que sentí el agua caliente en la piel. Cuando por fin salí, envuelta en una toalla, me sentí mejor.
Limpié el vaho del espejo, me miré y sonreí apenas. Me veía igual que por la mañana; casi todos los chupetones se habían desvanecido y solo quedaban unos cuantos, muy tenues.
Al entrar al cuarto, se me fueron los ojos a la ropa que estaba sobre la cama, una sudadera gris y suave, y unos shorts negros ajustados.