Apollo
Estaba de rodillas, entre mis piernas, en mi oficina, detrás de mi escritorio. Su boca envolvía mi verga, con los ojos clavados en los míos. Por primera vez en mis cuarenta años de vida, amanecí con una erección.
Un maldito sueño húmedo.
No recordaba la última vez que me había pasado algo así. Carajo, ni siquiera creía que me hubiera pasado alguna vez. Nunca había estado tan frustrado sexualmente, no hasta el punto de soñar con sexo, mucho menos de despertar duro y palpitando como un adol