Un loco en las tundras.
—¡Oh, vaya!... de acuerdo —respondo con la confusión instalada en el rostro.
Observo, casi sin parpadear, cómo Andrés rodea la cintura de Katy con posesividad y, en un gesto que me deja helada, inclina la cabeza para olfatearla .
Me quedo demasiado perpleja ,abro los ojos de par en par, sintiendo que sobro en esa escena, y solo atino a retroceder hasta hundirme de nuevo en el sofá.
Él, ajeno a mi incomodidad, se despoja de su abrigo de lana, dejándolo caer a un costado mientras presume su cue