Sin soportar más.
Aliso mi sudadera y carraspeo. Aprieto con fuerza el bolso entre mis manos y me dirijo a su departamento.
La puerta está cerrada. No quiero tocar, pero la hora y el enojo ...que ya empieza a disiparse...me obligan.
Toc, toc.
Nada.
Toc, toc.
Blanqueo los ojos, impaciente, y me marcho lentamente, sin dejar de mirar la puerta cerrada.
De pronto me detengo en seco. Recuerdo que ser una loba maldita es más que un honor, así que regreso, apoyo las manos sobre la madera y pego la oreja.
Regulo casi in