En la base de todo.
Sam clava sus perfectas iris en mí; a estas horas se tornan de un tono miel quemado. Apaga el ordenador sin decir una palabra.
—Vamos entonces —murmura al fin, tras un silencio espeso.
Lo obedezco y lo sigo sin titubear.
—Esto será incómodo —advierte mientras caminamos por el pasillo—. Estaremos en casa de tu ex… y con ese Asher proponiéndome un negocio.
Se detiene frente al Ferrari y aprieta los labios, conteniendo algo que no dice.
—Lo sé, Sam… pero Miranda… ellos… Hay algo extraño entre noso