Sin saber quién eres.
Me siento calmada cuando por fin estoy acomodada en mi escritorio, trabajando sin que nadie me moleste. La cabeza hecha un nudo, sí, pero al menos tranquila.
—Natali no vendrá hoy, está indispuesta dice —me explica Sam guardándose el móvil.
—¡Oh!... bueno en realidad me extrañó ver su silla vacía —respondo, intento no mostrar mi alegría por la ausencia de esa arpía.
Unos golpes secos resuenan en la puerta.
—¡Adelante! —grita Sam sin moverse.
—Disculpen… pero necesito a Estela —susurra Miranda d