El almacén de libros.
Cuando al fin lo tengo entre mis manos, se detiene un taxi frente a mí, como si hubiera estado esperando este preciso instante.
Así que no dudo y lo tomo de regreso a casa.
Le ofrezco un guiño cómplice al chófer como saludo, intentando parecer tranquila, y me apresuro a desenvolver el famoso papel con dedos que no logran ocultar su ansiedad.
Sobre su superficie, un óvalo con dientes gastados se dibuja con trazo irregular, unas alas encarnadas brotan desde la columna como si hubieran sido arranc