El chico sonríe, pero no es una sonrisa común, es una mueca medida, como si supiera exactamente lo que estamos pensando y disfrutara el silencio que nos aprieta la garganta.
—Depende —responde al fin—, ¿quiénes creen ustedes que soy?
Sam frunce el ceño, da un paso adelante y yo siento cómo el aire se espesa aún más, como si la habitación respirara con nosotros, como si las paredes se hubieran inclinado apenas un centímetro hacia el centro.
El símbolo en su playera no es un simple dibujo, el Yin