Pistas invisibles.
Continúo en silencio, tan enojada, tan obstinada.
Siento un beso cálido tras mi cuello y la piel se me eriza.
Luego otro que baja hasta la parte alta de mi espalda. Cuando reacciono estoy tendida sobre la cama, mi respiración es una con la de Sam.
Él intenta besarme y finjo que el enojo no me lo permite, con una dignidad forzada cierro los labios.
A él no le importa, ejerce presión con su lengua hasta abrirse paso, hasta invadir mi boca con insistencia, y baja la manta con rapidez.
—¡Estás desn