Kael, sin embargo, no se inmutó. Se inclinó sobre el mapa.
—Entonces propón una alternativa, que sea mejor. Más inteligente.
Me desconcertó, era un desafío, una prueba. Todos me miraban, los del Norte, escépticos. Los míos, esperanzados, los de la Tormenta, desconfiados.
Respiré hondo, obligando a Lira a retroceder. Mi mente, nublada por el dolor y la rabia, empezó a trabajar, a hilar estrategias, a recordar el terreno, las tácticas de Darío.
—Darío es arrogante —dije, hablando más para mí que