Capitulo 5. Almuerzo 1

La observó un momento. Era increíblemente hermosa, sus pestañas largas, su cabello rubio y ondulado levemente en las puntas que emanaba aroma a shampoo caro, la suave curva de sus pechos que él se moría por probar y un rostro de rasgos perfectamente tallados, pero cuya mirada estaba perdida, con un dejo de tristeza...

— Cuéntame algo de ti —le dijo, sacándola de su ensimismamiento—. ¿hay alguien en tu vida, novio, amante, amigo con derechos? — cuestionó con curiosidad pero sin demostrar abiertamente sus deseos de poseerla apenas contenidos.

Ella lo miró de costado con ganas de mandarlo a la m****a, pero quizá no sería apropiado pensó.

— Mmm nadie en especial ahora mismo. ¿Y tú? ¿Soltero, casado? —le preguntó mirándolo de reojo aunque conocía la respuesta ya —. Te pregunto porque yo nunca salgo con hombres comprometidos. — le aclaró. No era como si él le interesara de todas maneras. Pero bueno. Si él quería darle charla, ella seguiría su juego.

—No estoy casado, ni comprometido no nada —dijo, con su sonrisa de tiburón blanco —. Ni tampoco quiero estarlo por el momento — la miró fijo y repentinamente la tomó de la barbilla —. En este momento no hay ninguna mujer especial tampoco en mi vida, así que no hay nada que nos impida pasar un buen momento juntos supongo. Soy un amante muy generoso, dentro y fuera de la cama cariño — concluyó y le comió esos labios exuberantes con un beso que dejó sorprendida a Brandy.

Nota mental: besa bien, aunque es un playboy engreído.

El nivel de arrogancia de ese hombre no tenía límites, pensó mientras lo empujaba por los hombros. ¿Quién se creía para hacerla víctima de ese atropello? Odiaba a los hombres así que creían que cualquier mujer solo por el hecho de estar solteras ya eran accesibles para cualquiera que pasara por allí y así se lo hizo saber respondiendo de mal talante.

— ¿No te parece un poco apresurado "cariño"?

Él se encogió de hombros.

— No veo la necesidad de perder el tiempo si podemos ser sinceros...

— Pero la sinceridad es a dos vías, y tú no me preguntaste que quería. Simplemente asumiste que al estar soltera saltaría feliz en tu cama, o a tus labios para el caso...— contestó ella alzando su ceja.

El suspiró, mujeres, nunca nada era sencillo con ellas.

— Ok ¿y que quieres? — preguntó finalmente.

— Mmm, no sé Matt —dijo en un murmullo entrecerrando sus ojos — . Tengo 25 años quizá quiero algo más formal... no sé, un marido, hijos... — dijo y lo miró con falsa inocencia —. La verdad que estoy buscando 'al indicado' ¿me entiendes? Y no ando con ganas de perder el tiempo revolcándome en una cama de sábanas demasiado usadas...— terminó con acidez.

La expresión en el rostro de Matt se tornó cómica. Parecía un macho ofendido de repente. Ella debió contener la risa. Era típico y predecible.

— Ninguna mujer jamás consideró el tiempo compartido conmigo como una pérdida de tiempo...y...mis sábanas están limpias ...— le respondió respingando.

— Si tú lo dices —le dijo ella, encogiéndose de hombros y suspirando —. Aparte me gustan los hombres de mi edad y tú pareces estar cerca de los , no se, ¿40? Cómo que ya estás grande para mi...y para andar por ahí jugando a "Atracción fatal" ¿no? — lanzó ella con la inocencia pintada en su rostro solo para ver qué le decía.

—Tengo 35 — le respondió seco y la miró con enojo trabando su mandíbula.

— Ves eres mayor. Diez años más que yo tienes— ella le dió unos golpecitos en la mano, al final Matt le estaba cambiando el humor a su día —. Ya sabes...si cambias de idea con respecto al matrimonio quizá podría reconsiderarlo. Seguro que serías un marido maravilloso —dijo ella, toda falsamente sonriente. Pero en realidad tenía ganas de estallar en carcajadas.

Matt se revolvió en el asiento y ella se acomodó en el asiento para mirarlo de arriba abajo , tal y como él había hecho un rato antes con ella.

—Tienes buenas cualidades, se nota que entrenas, tienes linda cara, bellos ojos y —añadió—. Eres millonario...— concluyó npara terminar de molestarlo.

Él escuchó atentamente eso último. Y le pareció tan típico. Era evidente que la joven Sanders estaba a la caza de un marido rico. Típico de niña rica, pensó con desdén.

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