La mañana en la casa de campo amaneció con una paz que casi me daba miedo. Los rayos del sol se colaban por las cortinas de seda, iluminando los restos de la batalla de anoche: pétalos de rosa aplastados, la camisa de Leon tirada en un rincón y las famosas esposas de peluche que, bueno... digamos que terminaron siendo un juguete divertido en medio de la pasión.
Me desperté sintiendo el calor de Leon a mi espalda. Su brazo me rodeaba con una posesividad que ya no me molestaba; al contrario, me