Después de casi tres horas de camino en ese deportivo que ahora sonaba como una licuadora vieja gracias al "arreglo" de Don Pancho, finalmente divisamos la famosa casa de campo de los Richter. Yo esperaba una cabañita rústica, algo sencillo para pasar el trago amargo, pero lo que apareció frente a mis ojos era una mansión de piedra y cristal incrustada en la ladera de una montaña.
—Vaya... parece que tu abuelo no conoce el significado de la palabra "sencillez" —dije, limpiándome un poco de bar