Capítulo 7. El Juego de los espejos
El apartamento de Valeria era la antítesis de mi hogar. Mientras que en mi casa con Rosa todo era orden, pulcritud, el olor a lavanda y una calma asfixiante que yo mismo había diseñado, el refugio de Valeria era un desorden calculado de ropa tirada, copas de vino a medio terminar y un ambiente cargado de una electricidad que me devolvía la vida. Al cruzar el umbral, me deshice de la corbata y del último rastro de la farsa que había mantenido durante la cena con mis amigos. Aquí no necesitaba se